13 de abril de 2009

El Hombre Que Era La Luna

Convencido por el gobierno, y llamado "solución parche" por los pesimistas, Gabriel finalmente accedió a ser la luna. Al principio no quería, ya que la luna era la luna y no el luna, por ende, una mujer debería serla. El gobierno entonces objetó que hasta el momento no habían encontrado una mujer capaz de hacer tan arduo trabajo, y decidieron llamarlo a él. Sobreviviente de uno de los pelotones guiados por el mismo coronel Aureliano Buendía, fue enviado de vuelta a su hogar, no porque no servía, si no por soñador, lo que podría ser peor. Su novia, una semana después de su llegada, le dijo que ellos tenían razón. "Los soñadores no pertenecen a la guerra", le susurró al oído, mientras bailaban un tango. Así que, tras acceder, le entregaron un manual de instrucciones para su trabajo. En el patio de su casa instalaron un círculo de plata con dos manillas. Todas las tardes, el hombre que era el sol lo llamaba por la radio y le decía que se preparara. Entonces Gabriel se dirigía al patio, enrollaba sus brazos elásticos en las manillas para no soltarlas, cerraba los ojos y se ponía a cantar una canción que él mismo inventó para darse ánimos. Poco a poco, con un esfuerzo más del corazón que físico, levantaba el círculo de plata instalado en su patio. Mientras tanto, el hombre que era el sol, poco a poco bajaba el círculo dorado. Así, Gabriel, el hombre que era la luna, se convirtió en la solución parche más hermosa que cualquiera haya visto jamás.

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